EL RECHAZO
No me gustan las manos blancas y húmedas, las pastelerías con luz de neón, los que usan bastón sin estar cojos, los granos de arroz dentro del salero, el helado servido en una copa de metal, los coches con alerones, los pantalones blancos transparentes, los gritos del megáfono en las tómbolas donde se rifan muñecos de peluche, los que soplan en la cuchara de la sopa, las cunetas llenas de papeles y botellas, las vitrinas polvorientas de los bares de carretera que exhiben productos típicos de la región, los tipos que te hablan muy cerca de la cara echándote un aliento fétido, los que salen del restaurante con un palillo en la boca y al pasar junto a tu mesa te dicen: “que aproveche”, el olor a margarina asada de las cafeterías, el gracioso que cuenta chistes los viernes en las cenas de matrimonios.
El infierno también se compone de minúsculas cosas que a uno no le gustan: los músicos callejeros que utilizan grandes bafles para pedir limosna tocando un bolero, los intelectuales sesentones que todavía usan pantalones vaqueros muy ceñidos, los besos en las mejillas demasiado húmedos, los huesos de aceituna sobre el mantel, chuparse la yema del dedo para pasar la hoja del periódico, los que riñen con el camarero, las cubiertas de los libros con títulos dorados en relieve, los calcetines blancos en invierno, el chándal para dar vueltas a la manzana, los domingos, los nombres que salen en negrita en cualquier artículo.
El infierno de cada día también es eso.
Manuel Vicent. El País (12-VI- 94)
1. Lee atentamente al anterior texto en el que el autor expone detalladamente todo aquello que le produce rechazo.
2. En él se enumeran una serie de: situaciones, tipos de personas, objetos, acciones o gestos y percepciones sensoriales (relacionadas con el gusto, el oído, el olfato, el tacto, etc.) que al articulista le producen rechazo.
3. Haz una lista con todo aquello que a ti te produce repugnancia, asco o que simplemente detestas. En ella debes incluir al menos dos realidades de cada una de las anteriores categorías.
a. Situaciones
b. Tipos de personas
c. Objetos
d. Acciones o gestos
e. Percepciones gustativas
f. Percepciones olfativas
g. Percepciones táctiles
h. Percepciones auditivas
4. Recuerda que debes especificar y detallar al máximo en cada uno de los casos. Por ejemplo: no vale escribir simplemente “los músicos callejeros” sino que lo correcto sería especificar detalladamente “los músicos callejeros que utilizan grandes bafles para pedir tocando un bolero”.
5. Todos los textos deben respetar la siguiente estructura:
a. “No me gustan…” ( primer párrafo)
b. “El infierno también se compone de minúsculas cosas que a uno no le gustan:” ( segundo párrafo)
c. “El infierno de cada día también es eso.” (final)
6. En cada párrafo se deben ir alternando y combinando realidades de las ocho diferentes categorías.
ESTOS SON ALGUNOS DE LOS RESULTADOS QUE HAN SALIDO DE LA PLUMA DE MIS ARTICULISTAS DE 4º C DE ESO.
No me gustan las personas que
beben agua haciendo ruido innecesario, ni las lavadoras ruidosas, las bolsitas
de ketchup que no se abren con el "abrefácil", el sabor de la tierra
en la boca cuando te caes al suelo, el olor del vómito que se te mete en la nariz
y te escuece durante un buen rato, el sonido que se produce al frotar el caucho
blanco en el que van envueltas las cosas frágiles, que me despierten mientras
estoy soñando y recordar partes del sueño, pero no el sueño completo.
El infierno también se compone de las minúsculas cosas
que a uno no le gustan: las personas que te incomodan mirándote fijamente y sin
parpadear, las personas que se chupan la punta del dedo para pasar la página,
el sabor del metal, respirar pimienta, el tacto de la lengua de los gatos, el
picor que sientes en la nariz cuando quieres estornudar y no puedes, los
bolígrafos que te explotan en la mano y que te dejan una mancha de tinta que no
te puedes quitar ni aunque te laves las manos.
El infierno de cada día también es eso.
Jaime Alcáraz
No me gustan las personas
indiferentes, los zapatos desatados, el sabor agrio del limón, el olor a peces
en un puerto, el sonido de los claxons en hora punta un lunes, el tacto de una
prenda húmeda, cuando se me bloquea el ordenador.
El infierno también se compone de minúsculas cosas que a uno no le
gustan: la sensación de frío al salir por las mañanas de la cama, las personas
prepotentes, unas gafas torcidas, el sabor que se te queda en la boca cuando
comes la pipa mala de la bolsa, el olor al cocinar repollo, el tacto de una
hoja arrugada, cuando se araña la pizarra, el sonido del tenedor rozando el
plato, cuando habla mucha gente a la vez y nadie se entiende.
El infierno de cada día también es eso.
Miguel Ángel Rivas
No me gustan los tenedores de plástico, los
atascos eternos de tráfico, las manos rugosas por tenerlas muchos tiempo en el
agua, las noches en la que los perros no paran de ladrar, las personas que te
tocan el hombro cuando te están hablando, los vecinos que arrastran los
muebles, el sabor del zumo de naranja de brick, el olor del tabaco cuando se
prende.
El infierno también se compone de
minúsculas cosas que a uno no le gustan: el sonido del despertador todas las
mañanas, cuando tocas a un perro y te deja lleno de pelos, el sabor de algunos
pescados, esperar a la gente que se retrasa, el sabor de las pipas que están
malas, que se quede el ordenador bloqueado cuando estás haciendo algo
importante, las personas que hablan muy alto por el teléfono, el olor del queso
cuando se destapa.
El infierno de cada día también es
eso.
Javier Jiménez
No me gustan las parejas que
se dan besos delante de ti como si no existieses, las ropas arrugadas y con
manchas, la espera en la calle de tu amiga a -7º C, una mirada cruel y despiadada
a las seis de la mañana, la comida con excesiva sal, las personas con una aroma
peculiar a choto muerto, palpar una cabeza con grasa y casposa después de tres
días sin lavarla, el sonido de las puertas de garaje a las siete y cuarto todas
las mañanas de los 365 días del año.
El infierno también se compone
de minúsculas cosas que a uno no le gustan: observar cómo el quiosquero saca tu
chuchería clavada en su uña, el momento ansiado de irse a casa cuando estás en
una situación comprometida, las teles pequeñas, viejas y rotas con telarañas,
maniobrar una rata, muerta, mojada y repugnante en el laboratorio, el grito
inesperado de un bebé, el olor de la orina de los hombres al entrar en el baño
de una casa, el sabor ácido de las naranjas a media mañana, un gesto de efecto
sabiendo que no le importas.
El infierno de cada día también es eso.
Marta Cabrero
No me gustan los objetos que
reflejan la luz del sol y te ciegan, agitar el bote de ketchup, que no salga
nada, hasta que de repente sale todo de golpe, la sal del mar al tragar agua,
el aullido de un lobo cuando estas de acampada, que el perro venga del campo y
huela a charca, pasar la mano sobre la hierba y tocar un roca fría, áspera y
dura, escuchar el zumbido de un mosquito por la noche y saber que te va a
picar, pero cuando él quiera.
El infierno también se compone
de minúsculas cosas que a uno no le gustan: las personas que discuten algo, sin
tener razón alguna, colocar la manguera de la ducha en su sitio y que te caiga
una gotita de agua descendiendo por tu brazo, las cremalleras que se abren por
la mitad y ya no puedes ni cerrarlas, ni abrirlas, ir a beber agua y ver que
otra persona ha dejado grumos, que se te derrita el chocolate en la mano.
El infierno de cada día
también es eso.
Javier Sánchez Polo
No me gustan las personas que
terminan cada una de mis frases, los ordenadores muy lentos, el ruido de los
dedos en la mesa cuando intento concentrarme, salir de casa y que haga mucho
frío, probar comidas nuevas y que sepan mal, tocar algo y que se me quede la
mano pegajosa, que alguien me grite al oído porque no quiero escucharle, el
olor muy fuerte de algunas plantas.
El infierno también se
compone de minúsculas cosas que a uno no le gustan: levantarse con más sueño
del habitual, coger un bolígrafo y que no pinte, el sabor de una pipa en mal
estado, que me hablen mientras me dan con la mano, entrar en casa y que huela a
la comida que más odio, el tacto del velcro, las personas que hablan más lento
de lo normal, oír una palmada cuando todo está en silencio.
El infierno de cada día
también es eso.
Anjara Antón
No me gustan las mesas cojas, tomar una pipa que
esta mala, oír un idioma que no entiendo, cuando voy a Madrid y en 5 minutos no
he avanzado ni 200 metros
por los semáforos, cuando explicas a alguien miles de veces una cosa y ellos
siguen sin entenderlo, las personas egocéntricas, el olor a abono, tocar algo
pegajoso, cuando la clase empieza a gritar.
El infierno se compone de minúsculas cosas que a
uno no le gustan: cuando la gente echa agua a la sopa para enfriarla, pisar un
chicle, las personas que siempre quieren tener la razón aunque no la tengan,
las bolsas de patatas que te venden medio vacías, los bolígrafos que dejan de
pintar en medio de los exámenes, los rotuladores que tardan siglos en secarse,
cuando veo un pistacho cerrado, el pepinillo de las hamburguesas, el olor a
alcantarilla, quitarte un chubasquero mojado, cuando te sonríe alguien y tu
tienes que sonreír aunque en el fondo tu no quieres.
El infierno de cada día también es eso.
Alejandro Insua
No me gustan las personas que no aprecian lo que
tienen, levantarme temprano por una alarma, las sillas del instituto, el olor
de las margaritas al mojarse, el pan demasiado tostado, el tacto de unas
piernas recién depiladas de Javi, los conciertos de rock, que amanezca muy
pronto y anochezca muy tarde.
El infiero también se compone de minúsculas cosas
que a uno no le gustan: que me hablen de los exámenes, las personas que mienten
para quedar bien, los balones de baloncesto deformes, el olor del alcantarillado,
las almendras negras de las bolsas, el roce de las uñas con la pizarra, el
sonido de las campanadas de misa, estar en una situación comprometida.
El infierno de cada día es eso.
Javier González Ortiz